martes, 11 de noviembre de 2014

Una cama y 40 mil lugares

La historia de Robertito, un fanático de Estudiantes que vive en un estadio en construcción ideado para 40 mil personas, y que adoptó a la hinchada albirroja como su familia. La problemática de las personas en situación de calle, y cómo la Ley que ampara sus derechos no está siendo cumplida. 

Escrita por Christian Nahuel Sosa


               Son las 4:30 de la mañana y Robertito prende su linterna. No necesita despertador: pareciera tener un reloj interno que le indica cuando hay que levantarse. Sea invierno o verano, llueve o truene, él empieza su jornada a esa hora. Se pone una gorra roja, desteñida por el trajín diario; una campera rompevientos de Estudiantes o un buzo, depende el clima, y sus anteojos cuadrados, gruesos, con el marco negro rayado.
            Prende la linterna, y recorre las calles internas del Bosque, aledañas al estadio de 1 y 57. Suele cruzarse con trabajadoras del sexo, que lo saludan porque es costumbre. Camina con su perra Negra a su lado, y cuida que todo esté en orden. Algunas veces le quisieron robar, pero pudo escapar a tiempo. Después pega la vuelta y hace el mismo trabajo, pero dentro del perímetro de la cancha. Examina debajo de cada tribuna, de cada recoveco por el que supone podría ingresar alguna persona con malas intenciones. Al terminar, ya cansado, pone la pava y espera a los albañiles que construyen día a día el sueño llamado ‘Tierra de Campeones’.


‘23/10/2012. Verón hizo un gol.1-0. Comí paty y un policía le pegó a una chica’

           Según lo establecido por la Ley 13956 de la Provincia de Buenos Aires, se consideran personas en situación de calle a los hombres o mujeres adultos/as o grupo familiar, sin distinción de género u origen, que habiten en la calle o espacios públicos en forma transitoria o permanente y/o que utilicen o no la red de alojamiento nocturno. Asimismo, el riesgo a la situación de calle se determina al tener en cuenta el padecimiento de uno de los siguientes factores: que el sujeto se encuentre en instituciones de las cual egresará en un tiempo determinado y esté en situación de vulnerabilidad habitacional; que se encuentre debidamente notificado de resolución administrativa o sentencia judicial firme de desalojo; y que habite en estructuras temporales o asentamientos, sin acceso a servicios o en condiciones de hacinamiento.
              La sanción de la Ley es un logro en cuanto a derechos individuales y humanos. Sin embargo, lo establecido por la legislación no se cumple. La 13956 crea el Programa de Asistencia Integral para Personas en Situación de Calle, a desarrollarse por el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires. Entre sus objetivos esenciales están la localización, empadronamiento, asistencia médica y alimentaria, y habitacional transitoria para las personas en situación de calle, independientemente de su sexo y edad.
            El programa a implementarse debe cumplir con varias funciones: brindar asistencia médica inmediata y ambulatoria, detectar casos de adicciones, generar espacios físicos adecuados para brindar alojamientos temporarios, realizar tratamientos de nutrición, fomentar convenios con empresas y organismos públicos y privados con amplia sensibilidad social, en pos de facilitar la implementación del presente programa, fomentar la participación ciudadana a través del voluntariado social y promover y difundir los derechos sociales, civiles y políticos de la población, a través de campañas informativas.
            El programa se articula mediante una mesa de trabajo, cuya función es determinar las políticas necesarias en materia de vivienda, salud, educación, trabajo e inclusión para superar la situación transitoria del individuo beneficiario. Cuenta con profesionales de todas las ramas, como asistentes sociales, médicos, abogados, personal administrativo, entre otros rubros, y se desarrolla en conjunto con los Ministerios de Salud, Trabajo, Infraestructura, Dirección General de Escuelas, Instituto de la Vivienda y las Municipalidades de la Provincia de Buenos Aires.

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            Robertito vive en una vieja edificación que quedó en pie tras la demolición del viejo estadio de Estudiantes. Llegó allí por la gestión de un dirigente, que lo vio durmiendo en el hall de un building céntrico y lo acercó, hace aproximadamente ocho años. Él dice no acordarse mucho de su pasado: esquiva las preguntas que lo intentan llevar hacía el tema, esboza algún tipo de recuerdo al hacer fuerza sin mucha voluntad. Sólo dice que vino desde el conurbano en un tren, y que se dedicaba a cortar el pasto. Que un día llegó a La Plata, pasó algunos días en el Hospital de Melchor Romero, pero que luego no tenía hacia donde ir.
            Desde el día que pisó su nuevo hogar, Robertito se enamoró de Estudiantes. Y viceversa. No hubo un solo partido que falte, siempre y cuando se encuentre en buena situación física. “Una vuelta estaba operado de los ojos y quería salir del Hospital para ir. Los médicos casi lo atan a la cama’ cuenta Jorge, un reconocido hincha y que con los años se transformó en una especie de tutor. Más allá de que la obra social PAMI ponga a disposición de Robertito un tutor, Jorge se encarga de acompañarlo al médico en ocasiones, comprarle algo que necesite y, por supuesto, llevarlo a la cancha cuando Estudiantes juega en condición de visitante.
            No todas las situaciones fueron fáciles. El fatídico 2 de abril del 2013, día que se produjo la inundación en la ciudad, Robertito estaba dando una vuelta por el Bosque. El lago situado enfrente de la cancha se desbordó rápidamente, y el agua llegó de repente, sin darle oportunidad de refugiarse. Con el caudal hasta la cintura, tuvo fuerzas para cargar a dos o tres perros que vagaban por ahí (entre ellos la Negra) e ingresar a su pieza. Pero en el trayecto, chocó de frente con un tronco y perdió sus anteojos.
            Es mediodía y hora de comer. Robertito va a la vieja heladera Siam que le regalaron algunos hinchas albirrojos y saca un contenedor con las sobras de la cena de la noche anterior. Todos los atardeceres se acerca hasta el edificio de Infantería, ubicado a unas cuadras por el Bosque, y allí le dan distintos platos para que coma. Como él, decenas de personas. Todos de acuerdo en que les dan de comer muy bien. Además, pueden ir con tapers para llevarse comida. Comparte el almuerzo con los muchachos trabajadores, y con algún que otro amigo que se acerque.


“2/3/2012. Unos barras  van al country a pedir entradas y no les dan. Hace 40 grados”
  
               Unas 16.353 personas se encuentran en situación de calle en la Ciudad de Buenos Aires. Son cifras que se desprenden de un estudio realizado, en base a las consultas médicas, entre los años 2008 y 2012 por la organización no gubernamental ‘Médicos del Mundo’, y son trasladables a la Provincia según sondeos establecidos. Sin embargo, no hay una estadística oficial ni actual por parte del gobierno bonaerense que de cuenta de la problemática.
            Las problemáticas más acuciantes son las adicciones o problemas respiratorios. Según el informe, se detectó que el 51% padece de abuso al alcohol, tabaco o drogas, aunque ese porcentaje trepa al 73% en los casos de las personas que sobreviven físicamente en la calle. También hay prevalencia de infecciones respiratorias (18,43%) en etapas invernales, traumatológicos (13,64%) y de la piel (12,84%) consideradas por la propia falta de acceso a higiene personal.
                El estudio determinó que el 57,95% no tiene un empleo y de los que sí lo tienen (36,78%) el 91,22% lo hace de manera "informal-precaria", principalmente en albañilería u otro oficio de mantenimiento; en la vía pública como limpia vidrios o cuidacoches o en la venta ambulante. En concordancia, el 25,9% sólo pudo finalizar sus estudios primarios, mientras que el 19,1 % no pudo culminar sus estudios secundarios. Para agravar la situación, el 52% de la población que sobrevive en la calle hace más de un año que está en esa situación, y es una cifra que va en aumento.
                “Hoy en día son 17mil las personas en situación de calle en CABA; 4500 son niños, dos mil abuelos y un 25% son mujeres son hijos” afirma Juana López, profesional y voluntaria de la ONG, y denuncia que “lo único que hoy en día hay por parte del Estado es la represión; tanto en CABA como en la provincia te llevan preso si te encuentran en situación de calle”. La falta de documentación es otro agravante: impide ser atendidos en hospitales y centros de asistencia públicos, pese a que la Constitución Nacional y la Ley de Salud 153 lo prohíben. Entre 25% y 30% de personas atendidas no poseen documentación. “Los paradores les dan alojo durante unas horas pero forman parte de un sistema perverso que muestra que no hay una intención política real de terminar con esta situación”  agrega López. 
            Médicos del Mundo considera a las personas en “situación de calle” de igual manera que la Ley 13956, aunque se diferencia en la forma de enumerar los datos relevados. En este punto, tiene en cuenta todas las situaciones que demarcan el proceso poblacional, y detalla los datos de acuerdo a la emergencia habitacional que sufran. El mayor número de personas atendidas por Médicos del Mundo sobreviven físicamente en la calle: 67%. Mientras que las personas que habitan en albergues, paradores u hogares de tránsito rondan el 7,3%; las personas que se alojan transitoriamente en hoteles o pensiones, el 9%; la gente que habita en casas tomadas, prestadas u ocupadas o quienes  no cuentan con ingresos estables para costear un alojamiento de forma permanente un 15%, y las personas que viven de manera precaria en villas y asentamientos el 1%.

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                   Gorra rojiblanca, que deja entrever los rulos en la parte posterior. Una larga túnica con los mismos colores y el escudo bordado sobre el pecho, regalo de un hincha en la época que Estudiantes viajó a Dubai para enfrentarse al Barcelona. Un silbato colgado al cuello y sus ya míticos cuadernos, donde anota cada detalle que le resulte relevante: desde la formación titular hasta cuanto tardó en llegar. Este es el look de Robertito cada partido en el Estadio Ciudad de La Plata.
             Alrededor de cinco horas antes del comienzo se prepara para pedalear las cuadras que separan ambas canchas. Su bicicleta es característica y reconocida por cualquier hincha: de caños rojos, derruidos por el clima y el tiempo, con un carro blanco enganchado a la parte trasera. El escudo pincharrata pintado en el medio, y una bandera colocada en un tubo. Dentro del carro lleva los cuadernos, lapiceras de repuesto, un cono naranja y un megáfono medio roto. En ocasiones reventó alguna cubierta y tuvo que seguir su recorrido a pie, con la bici al costado de su cuerpo. En una oportunidad lo chocaron cerca de la rotonda de la calle 120 y Diagonal 74, afortunadamente sin provocarle lesiones.
         Jorge cuenta una anécdota que describe el sentimiento que despierta en los demás simpatizantes. Durante un partido donde Estudiantes hacía las veces de local, Robertito cayó varios escalones tras una avalancha producida en un gol. Luego de unos minutos y al ver que no reaccionaba, deciden llevarlo a una ambulancia fuera del estadio, y en ella al Hospital Zonal. Había perdido el conocimiento durante varios minutos y los médicos estaban preocupados. Jorge se mantuvo a su lado hasta que lo escuchó hablar. Preguntó cuanto había salido el partido, y si Jorge escribió las anotaciones que él no pudo. Al salir de la sala de urgencias, alrededor de 20 hinchas estaban esperando para saber cual era su estado de salud. Eran aproximadamente las 2 de la mañana.

           
“12/8/2013. Banfield, la policía nos tuvo 1 hora en el peaje. 1-1”

            En el último año, la Cámara Baja bonaerense aprobó un Proyecto de Declaración y otro de Solicitud de Informes del ex presidente del bloque de diputados provinciales de la Coalición Cívica-ARI, Walter Martello, concernientes a la Ley 13956. Además, La demora en la aplicación del Programa generó un planteo judicial que llevó a la Cámara de Apelación en lo Contencioso Administrativo, con asiento en La Plata, a intimar al estado bonaerense a cumplir con el artículo 5º de la norma que fija un plazo máximo de 90 días para su reglamentación.
            Al consultarle sobre la gravedad del tema, Martello dijo que “la problemática de no implementación de la Ley genera gran preocupación ante la vulnerabilidad visible que padecen quienes se encuentran sin ningún tipo de asistencia”. “La situación de calle es la circunstancia donde la exclusión se torna más gráfica, mas extrema, porque las personas que atraviesan esta forma de vida figura como el último eslabón en la cadena de asistencia”, agregó el ex legislador.
            En el Proyecto de Declaración aprobado por la Legislatura, Martello expresó su preocupación ante la falta de reglamentación en territorio bonaerense y exhortó al Poder Ejecutivo a que arbitre los medios necesarios para poner en funcionamiento, a la brevedad, este Programa por la importancia que reviste para los sectores más desprotegidos de la sociedad. “El Gobierno no puede ignorar que esta Ley fue aprobada con objetivos muy claros y específicos, haciendo hincapié en la localización, empadronamiento, asistencia médica, alimentaria, y habitacional de todas las personas sin hogar”, explicó.
            “A día de hoy, si alguien me pregunta a donde debería dirigirse si encuentra una persona en situación de calle, no podría responderle porque la Ley no se encuentra en plena vigencia”, aseguró.
            Sobre el futuro de la problemática, Martello indicó que “es sumamente imperioso, frente al incremento exponencial de personas que se encuentran en situación de calle, contar con herramientas y métodos que informen y asesoren sobre los recursos sociales disponibles”, y finalizó al decir que era necesario gente que “intervenga en situaciones de abandono y emergencia social rápidamente y que orienten la demanda hacia los servicios adecuados”

“4/10/2014. Siendo las 21:14, Verón es el nuevo presidente. Más del 75% de votos. Lo voté”

             Robertito no concibe la idea de abandonar el “Demo”, la vieja edificación donde vive y que fue parte de la otrora pensión del club, donde los juveniles provenientes de todas partes del país forjaban sus sueños, entre paredes viejas y húmedas. En ocasiones estuvo cerca: un director técnico quiso utilizar su pieza como almacén de archivos y videos, pero el presidente en ese momento no lo autorizó. También algunos dirigentes cuando lo apedrearon hinchas de Gimnasia, un día que el conjunto tripero jugaba en su cercano reducto, pero la idea no prosperó.
            Jorge y otros hinchas prometen que juntarían más de mil hinchas llegado el caso que quieran mover a Robertito hacia otra parte. Enrique Lombardi, ex presidente y mandatario hace algunos meses, aseguró a Robertito que si tenía que mover una columna del futuro estadio de lugar con tal de no correrlo, lo iba a hacer.
            “Esta es mi casa y ustedes son mi familia” dice Robertito al referirse a la gente de Estudiantes. “Acá tengo todo: mis cuadernos, mi ropa, mi vida... El día que me vaya de acá, volveré a la calle, porque en otro lado no quiero vivir”. Termina la frase y mira hacia los cuatro costados, a las tribunas semi concluidas. En el futuro, será la casa de 40 mil personas. Hoy, es su hogar.
             Cualquier hincha de Estudiantes quiere volver a 1 y 57. El sueño de Robertito es nunca irse de allí.          


jueves, 17 de julio de 2014

Payamédicos y la importancia de la psicología de la salud

            Luciana Sánchez tiene veintidós años, la voz ronca y un departamento de dos ambientes con vista a un paisaje lleno de edificios grises, además de un trabajo que detesta. Es una eterna estudiante de Psicología. De lunes a sábados suena su despertador, la tentación de postergarlo diez minutos más se hace presente pero su sentido de la responsabilidad sale vencedor. No desayuna porque no hay tiempo, apenas una ducha tibia como parte de su rutina. Pasa nueve horas dentro de una oficina blanca e insulsa, llena de clientes fastidiosos, de teléfonos que suenan, vuelven a sonar y nadie parece escuchar.
            Siempre vestida con un jean, buzo cangurito y zapatillas simples. Va y vuelve caminando al trabajo, porque hace poco le robaron la bicicleta. Su celular está lleno de música de Salta la Banca, su banda preferida, y además de grupos locales de rock. ‘Hay que bancar lo propio’, dice Luciana.
            Tiene la voz ronca desde hace un par de años, cuando fue operada por un problema en las cuerdas vocales. En la sala de internación, cuando llegó a pensar que no volver a hablar podía ser una posibilidad, conoció a Lunita Hidroxiapatita y a Nikasio Potasio, un par de payamédicos responsables de la primer sonrisa de Luciana en el hospital.

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Payamédicos: la risa en el ambiente hospitalario


            Payamédicos es una organización no gubernamental sin fines de lucro, creada en la ciudad de Buenos Aires en el año 2002 por el médico psiquiatra José Pellucchi, y la Licenciada en Psicología Andrea Romero, quienes llevaban un tiempo empleando la técnica de payaso para ayudar a sus pacientes internados.       
            Su misión es desdramatizar el ambiente hospitalario, y contribuir así a la salud emocional del paciente hospitalizado. Para esa finalidad se utilizan recursos psicológicos y artísticos relacionados con el payaso teatral, juegos, música, teatro, magia y el arte humorístico en general. Los Payamédicos realizan intervenciones escénico-terapéuticas con un abordaje a través de la técnica del payaso teatral, adaptándola al ámbito hospitalario con una ética y estética propia. El grupo se encuentra asesorado por psiquiatras y psicólogos con amplia experiencia en niños y adultos internados por diversas patologías orgánicas.
            El juego es la principal herramienta payamédica, ya que es el primer paso para la creación de un espacio y de un código compartido entre el paya y el paciente. El juego da lugar al aprendizaje y a la evolución, sobretodo en el niño porque es parte de su desarrollo cognitivo. Es un lenguaje universal, ya que sólo se requiere de los sentidos y de la voluntad de hacerlo. El juego es flexible, permeable: se adapta a todas las edades, sociedades, estados. Cada vez que se juega, se crea un producto único, que no se vuelve a repetir.
            Jugar es ‘devenir otro’, y aquí está el primer concepto clave que utilizan los payamédicos. El médico, escritor y payamédico Lucas Bruno explica en el libro ‘Lo Paya: Pasiones payasas entre lo teatral, la payamedicina y la cotidianeidad’ que devenir implica lo que está dado en escena y aquello que surja entre lo que está dado. Cualquiera de los objetos y los sujetos que intervengan en una improvisación o en un número de payasos serán conocidos y sabrán ser código cultural del público participante; no así, aquello códigos que surjan de la paleta de pintor creativo del payaso. Devenir significa abstraerse de todo conocimiento previo al entrar a la sala, intentar poner la mente en blanco así las acciones son espontaneidad pura. En esa ‘poética del puro devenir’, el payaso puede devenir objeto (balde, alfombra, tiza, pelotita de tenis, etcétera) y también puede devenir sujeto (equilibrista, comprador, enamorado, etcétera).

           
            Sala inmensa del Hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata. Tele al fondo, camas extra-large. Mateo está sentado en su cama muy concentrado con su i-pod, inmerso en un juego de carreras de autos. Los payamédicos entran y Mateo pispea entre niveles del juego, entre niveles de altura. Pispea, y cuando es correspondido, vuelve al juego. Luego de algunas miradas, la Dra. Morita Repliconita se acerca y saluda. Mateo saluda, y sin sacar sus dedos de los controles del jueguito, mira a los payamédicos Dra. Lunita Hidroxiapatita y Dr. Nikasio Potasio al otro lado de la sala. Lunita y Nikasio se miran, y hacen ruido de motor.
            Los pies se hacen ruedas, las espaldas techos y a la vez asientos, los ojos se convierten en faroles. Los motores se despiertan y hacen más ruido. Mateo detiene los dedos y mira atentamente. Cada motor comienza a esbozar un canto de salida. Mateo se sonríe de costado y mira a Morita para corroborar lo que está viendo: Morita asiente y le presta un paya-objeto devenido volante de autos. Mateo lo agarra con ambas manos y observa a los payamédicos. Prueba hacia la izquierda, derecha, arriba y abajo… Y funciona. Señal de largada: Lunita y Nikasio, devenidos en auto rosa y auto verde, arrancan. Mateo, devenido en piloto, conduce.


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El rol del médico en la psicología de la salud


            La globalización trajo consigo desarrollo científico y tecnológico en el campo de la medicina, así como también en el de la comunicación. A nivel sociocultural, esto ha repercutido de forma tal que la población ha aumentado su acceso a la información en temas relacionados a la salud. Así, a medida que la gente se informa, opina e incrementa su interés. Estos cambios afectaron en la relación médico-paciente, donde el modelo antiguo de atención ‘paternalista’ -donde el médico elige y decide qué procedimiento o acción terapéutica es más adecuada- ha ido en detrimento hacia una nueva forma de concebir la salud, donde predomina la autonomía del paciente, o de su familia, en sus decisiones y elecciones.
            Esta situación plantea el choque entre los principios bioéticos de la medicina. Por un lado, el principio de autonomía del paciente, que establece que las preferencias y los valores del enfermo son primordiales desde el punto de vista ético, y el principio de justicia, cuyo fin es disminuir las desigualdades. Éstos entran en conflicto con los principios de no maleficencia, que es la abstención intencionada de realizan acciones que causen daño o perjuicio a otros, y el principio de beneficencia, que reza que los médicos están en la obligación de actuar en beneficio de otros.                        
            Los médicos, que en una situación crítica se hallan fuertemente requeridos para atender los signos vitales del paciente, deben ocuparse además de los factores emocionales que están presentes, tanto en los pacientes como en sus familiares. Éstos son los que en gran número de ocasiones deben decidir sobre el presente y el futuro de su familiar internado, dado que en un muy alto porcentaje de casos los pacientes no están en condiciones y capacidad de poner en práctica directamente sus derechos y opiniones.
            Por la índole de la tarea, el médico establece una relación con los pacientes y con los familiares connotada por diversos aspectos psicológicos tales como ansiedades, identificaciones, etc. El médico es visto como omnipotente, y de la misma forma que es agradecido, es demandado, porque las expectativas de un tratamiento y los posibles resultados recaen en su figura. La sobrecarga emocional y el peso que conlleva la labor es difícil de cuestionar.

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            Las zapatillas verde manzana cortan lo grisáceo de las grandes baldosas del pasillo. La luz del sol entra por las ventanas, rebota en las calzas amarillas fosforescentes de Morita Repliconita y encandila a todo aquel que la ve. El vestuario de un payamédico es artesanal: puede cocerlo uno mismo o diseñarlo y mandarlo a hacer, pero no pueden faltar los colores.
            Todo combina: las calzas hacen juego con el chaleco sin mangas amarillo, las zapatillas verde manzana con una camisa al tono y lunares blancos, una larga pollera rosa chicle se entremezcla con el rosado de la peluca de lana y llena de trenzas. Como accesorio, porta un burbujero en su cuello. ‘Es la forma más fácil de entrar a una sala’, dice. En la mano derecha, Morita lleva un buenetín.
             El buenetín es donde los payas llevan lo que creen necesario para interactuar con el paciente. Dentro pueden tener desde un ladrillito de plástico con un lápiz, hasta muñecos de goma. El buenetín de Morita es de mimbre, y tiene tres rayas de colores rosa, amarillo y verde manzana en su costado izquierdo. Ella deviene fotógrafa cuando saca la cámara de juguete, deviene dibujante al pintar con sus fibras en un anotador, deviene veterinaria si le da cuerda a los pequeños animalitos de plástico.
            Una burbuja vuela por el aire e ingresa a una sala. Una nena, sorprendida, le avisa a la madre. La madre, al haber visto a los payas previamente, se desentiende y dice que ‘no vio nada’. En un instante, entra Morita Repliconita con su compañera Lunita Hidroxiapatita preguntando si habían visto por allí a su burbuja perdida. La nena grita que sí. Están el tiempo de la intervención payamédica.





Metodología de trabajo


            El trabajo de los payamédicos en un hospital se divide en cuatro etapas o tiempos: pase, intervención, balance y cartografía. Para entender cómo logran desdramatizar el ambiente hospitalario, es necesario comprender para qué y cómo funciona cada uno de estos tiempos.
            Pase: es lo primero que hacen al llegar al hospital para obtener la información del paciente. Van un par de payamédicos a buscar la información de todos los pacientes, para después realizar una reunión con el grupo entero de trabajo y decidir qué dupla trabajará con tal o cual paciente. El pase se los da quien esté a cargo de la sala en ese momento, generalmente son las enfermeras. Los datos que van a tomar son: nombre, edad, diagnóstico médico, evolución de la enfermedad y pronóstico, estado anímico, quién lo acompaña durante su internación, de donde viene, qué le gusta hacer, cómo es la relación con otros pacientes, con los enfermeros y con la gente que lo rodea.
            Intervención: comienza luego del pase. El objetivo principal del payamédico es el paciente hospitalizado para el cual previamente elaboró, en forma grupal, una estrategia. No obstante, las intervenciones incluyen a acompañantes, familiares, equipo de salud, administrativos y todos los existentes que se le cruzan en el camino. La intervención comienza en el momento que el paya deja de lado su ‘yo’ y se encuadra dentro de su payaso, con su correspondiente vestuario. Esta etapa dura lo que cada dupla considere necesario, y la idea es no concluir el juego en un encuentro, sino que se vaya desarrollando en los encuentros posteriores con el paciente.
            Balance: cada dupla reconstruye la intervención, analizando la experiencia, los momentos de producción y los de captura. Se toma nota de los datos clínicos obtenidos en el pase, y se escribe un resumen de la intervención llevada a cabo entre los payamédicos y el paciente en su devenir paya. Este tiempo se realiza sin nariz, y sirve para brindar y tomar ideas de los demás payamédicos y utilizarlas en sus intervenciones.
            Cartografía: es una charla con un profesional de la salud, y se charlan las problemáticas del grupo. Realizan una revisión al trabajo del grupo, para ayudar en el futuro teniendo en cuenta las salas y pacientes que cada paya tiene. Se realizan cada tres semanas. Durante ese lapso, los cartógrafos reciben los balances de los payas, para que el día de la cartografía puedan concurrir con actividades planeadas sobre los puntos a mejorar en el trabajo.

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La salud emocional de los internados


            Los derechos y garantías de los pacientes de la órbita de la psicología de la salud están contemplados en las disposiciones generales de la Ley Nacional de Salud Mental y su reglamentación. Sin embargo, no hay a nivel nacional ni provincial un programa que contemple a la psicología de la salud y la trate con la importancia que tiene.
            Susana Bayardo, licenciada en Psicología e integrante del Equipo de Psiquiatría del Hospital Italiano de Buenos Aires, opinó que la inserción de un psicólogo en los equipos de las unidades de cuidados intensivos de los hospitales es una tarea necesaria, pero difícil de llevar adelante por las dificultades que trae aparejada.
            Para el paciente, son muchos los factores que pueden afectarlo en cuanto a su situación emocional. Por un lado, están las consecuencias propias de la internación: movilidad reducida, no tienen vestimenta, monitores, sondas, respirador artificial y el movimiento de los profesionales que connotan riesgo para su vida. Por otra parte, el internado observa constantemente a los otros pacientes cuya presencia o ausencia en el hospital depende de la vida o la muerte.
            ‘Debido a estos factores y sumado a los propios efectos orgánicos, metabólicos y clínicos de la enfermedad es probable que se produzcan cuadros de confusión, excitación psicomotriz, alucinaciones, delirios, entre otros’, informó la profesional.
            La situación de tener un allegado internado con el contacto restringido genera en las familias un importante caudal de tensión, angustia e incertidumbre, que se suma a la situación emocional propia de la enfermedad y del riesgo vital que supone. No todas las familias funcionan igual, lo cual complica aún más el panorama: hay familias que no dan problemas, otras en las que las dificultades se generan por la crisis que implica un miembro familiar enfermo, y las que habitualmente tienen un funcionamiento conflictivo independientemente del tipo de situación
            ‘En cuanto a las entrevistas con las familias es importante prestar especial atención a su tipo de funcionamiento, al grado de impacto que ocasionó la internación, al tipo de respuesta emocional en relación al equipo asistencial, la capacidad de comprensión, el tipo de procesamiento de la información, la capacidad de colaboración y contención, las escalas de valores y las opiniones y las diferencias individuales de sus integrantes’, dijo la licenciada Bayardo.
            En el último tiempo, la modalidad de interconsulta aislada psicológica-psiquiátrica entre el médico y un especialista ha ido estableciéndose con frecuencia, al punto de haberse convertido en parte de la rutina de los planes de trabajo. La interconsulta psicológica se volvió estable, debido a la necesidad de una evaluación o de una acción preventiva frente a las especificidades y complejidades de ciertas situaciones o procedimientos médicos. Este proceso da cuenta de la importancia que ha tomado la psicología de la salud para los profesionales.

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            La sala de juegos de la ‘Casa Ludovica’ del Hospital de Niños platense es amplia y luminosa. En una de sus pequeñas mesas redondas siempre está Juan. Le gusta dibujar y los paisajes son su especialidad. Casitas con chimenea, un verde jardín, un árbol enorme y un sol que nunca pierde la sonrisa. Morita agarra una sillita y se sienta a su lado, pero no le da ni la hora. La escena se repite por décima vez, según cálculos de la payamédica, y Juan sigue sin hablarle.
            Morita Repliconita toma una cartulina, saca sus fibras del ‘buenetín’ y comienza a dibujar. Juan parece hacer caso omiso, pero le interesa lo que está haciendo su ahora compañera de mesa. Ella sigue trazando líneas, círculos, rectángulos; al parecer sin sentido, pero con una idea fija. Él presta más atención.
            Termina el dibujo, y Morita se lo expone a Juan. Él devuelve una enorme sonrisa: es un simple pero hermoso paisaje, con una pradera verde que se extiende más allá de un arroyo de aguas celestes color cielo. Y un sol feliz, como la payamédica al oír de Juan su primera palabra: ¡Gracias!
            Juan va a seguir dibujando durante el tiempo que se aloje con su madre en la ‘Casa Ludovica’. Quizá la obra de arte que le hizo su compañera de juegos lo inspire para sus próximos paisajes, o tal vez deje los dibujos para jugar con el tobogán, la casa de plástico o los otros juguetes del lugar.
            Morita Repliconita va a continuar siendo Luciana Sánchez, pero con más colores encima.

Autor: Christian Nahuel Sosa

lunes, 6 de mayo de 2013

Cuando suena el río



            A pesar de sus 200 años de vida, que en comparación con otras naciones es un tiempo corto de existencia, la República Argentina ha atravesado procesos históricos que han marcado a fuego la época en donde se produjeron, y el futuro de la sociedad en su conjunto.
            Más precisamente a lo largo del siglo XX, nuestro país ha sufrido el flagelo de los golpes de estado y las dictaduras militares. En total, fueron seis: en los años ’30 Uriburu derrocó a Yrigoyen; en 1943 Castillo fue depuesto a manos del Grupo de Oficiales Unidos (GOU); en el año ´55 Lonardi y Aramburu sucedieron a Perón; en 1962 Guido jura como presidente en lugar de Illia; en el ´66 Frondizi fue destituido a manos de Onganía, y por último, en el año 1976 el autodenominado ‘Proceso de reorganización nacional’ tomó el poder, que estaba en manos de Isabel Perón. Durante todos los gobiernos coercitivos, la carta magna del país, la Constitución Nacional, no fue respetada ni tenida en cuenta.
            Dada la cercanía en el tiempo y por los crímenes atroces que se cometieron durante la misma, la última dictadura militar es considerada como los años más oscuros del país. Las políticas represivas instaladas durante los sucesivos mandatos del proceso dejaron como saldo cientos de miles de personas desaparecidas, y el Estado de derecho se redujo a su mínima expresión. De la mano, las medidas bélicas, como la guerra de Malvinas, daban cuenta del totalitarismo presente.
            Como todo estado totalitario que se precie de ser tal, la Junta Militar trató de acallar todas las voces que se oponían a su ideal de gobierno, o que simplemente diferían en simples cuestiones. Por ejemplo, estableció en su comunicado número 19 que ‘al que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados, imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las Fuerzas Armadas, de seguridad o policiales’ sería penado con diez años de reclusión.
            Dicho acta anulaba de plano el artículo 14 de la Constitución Nacional, que reza que ‘todo habitante de la Nación goza del derecho de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa’. ¿Quién iba a osar expresar sus opiniones con el riesgo de ‘pena de reclusión’? En realidad, el peligro máximo era su propia desaparición. La libertad de expresión estaba altamente restringida, o directamente se puede decir que era nula, en otro hecho inconstitucional. (NdeR: Art. 32 de la CN: ‘el Congreso Federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal)
            El escritor y periodista Rodolfo Walsh denunció las atrocidades cometidas por la dictadura en su ‘Carta abierta de un escritor a la Junta Militar’, en el año 1977, un año después de asumido el gobierno de facto. A riesgo de perder su propia vida, como finalmente sucedió, ejerció su derecho humano a la expresión por el compromiso de comunicar a la sociedad lo que ocurría en aquel momento.
            La censura impuesta por la dictadura militar, a través de la Dirección de Inteligencia, alcanzó a la literatura nacional y latinoamericana, así como también a los cantautores populares de la época. Escritores como Paulo Freire, Mario Vargas Llosa o clásicos como de Saint-Exupery fueron prohibidos para la distribución y utilización en instituciones educativas. Cantantes como Mercedes Sosa, Piero, Horacio Guaraní y León Gieco tuvieron que exiliarse en el exterior, por miedo a ser secuestrados por las fuerzas armadas.
            A principios de la década del ’80, el descontento social iba en aumento y el gobierno de facto decidió convocar a elecciones para 1983. Con el retorno de la democracia, el Estado de Derecho fue reinstaurado gradualmente, al mismo tiempo que los crímenes y violaciones militares eran juzgados.
            La Argentina progresó en materia de derechos humanos y libertad de expresión, dándole jerarquía constitucional a los tratados internacionales. Así mismo, agregó a la Constitución Nacional (en la Reforma del ’94) artículos tales como el 42, de información adecuada y veraz; y el 43, que habla sobre el secreto profesional de un periodista o investigador.
            Hoy en día, bien entrados en el siglo XXI, podemos hablar de que el Gobierno actual libra una batalla contra los grandes monopolios de la información. La nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual brinda el marco propicio para que ambos lados argumenten a su favor. Pero lo verdaderamente importante se da por descontado, por sobreentendido: es el hecho de que el debate se pueda llevar a cabo.

Listado de canciones prohibidas durante la dictadura: http://bit.ly/11PfZ35