lunes, 6 de mayo de 2013

Cuando suena el río



            A pesar de sus 200 años de vida, que en comparación con otras naciones es un tiempo corto de existencia, la República Argentina ha atravesado procesos históricos que han marcado a fuego la época en donde se produjeron, y el futuro de la sociedad en su conjunto.
            Más precisamente a lo largo del siglo XX, nuestro país ha sufrido el flagelo de los golpes de estado y las dictaduras militares. En total, fueron seis: en los años ’30 Uriburu derrocó a Yrigoyen; en 1943 Castillo fue depuesto a manos del Grupo de Oficiales Unidos (GOU); en el año ´55 Lonardi y Aramburu sucedieron a Perón; en 1962 Guido jura como presidente en lugar de Illia; en el ´66 Frondizi fue destituido a manos de Onganía, y por último, en el año 1976 el autodenominado ‘Proceso de reorganización nacional’ tomó el poder, que estaba en manos de Isabel Perón. Durante todos los gobiernos coercitivos, la carta magna del país, la Constitución Nacional, no fue respetada ni tenida en cuenta.
            Dada la cercanía en el tiempo y por los crímenes atroces que se cometieron durante la misma, la última dictadura militar es considerada como los años más oscuros del país. Las políticas represivas instaladas durante los sucesivos mandatos del proceso dejaron como saldo cientos de miles de personas desaparecidas, y el Estado de derecho se redujo a su mínima expresión. De la mano, las medidas bélicas, como la guerra de Malvinas, daban cuenta del totalitarismo presente.
            Como todo estado totalitario que se precie de ser tal, la Junta Militar trató de acallar todas las voces que se oponían a su ideal de gobierno, o que simplemente diferían en simples cuestiones. Por ejemplo, estableció en su comunicado número 19 que ‘al que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados, imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las Fuerzas Armadas, de seguridad o policiales’ sería penado con diez años de reclusión.
            Dicho acta anulaba de plano el artículo 14 de la Constitución Nacional, que reza que ‘todo habitante de la Nación goza del derecho de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa’. ¿Quién iba a osar expresar sus opiniones con el riesgo de ‘pena de reclusión’? En realidad, el peligro máximo era su propia desaparición. La libertad de expresión estaba altamente restringida, o directamente se puede decir que era nula, en otro hecho inconstitucional. (NdeR: Art. 32 de la CN: ‘el Congreso Federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal)
            El escritor y periodista Rodolfo Walsh denunció las atrocidades cometidas por la dictadura en su ‘Carta abierta de un escritor a la Junta Militar’, en el año 1977, un año después de asumido el gobierno de facto. A riesgo de perder su propia vida, como finalmente sucedió, ejerció su derecho humano a la expresión por el compromiso de comunicar a la sociedad lo que ocurría en aquel momento.
            La censura impuesta por la dictadura militar, a través de la Dirección de Inteligencia, alcanzó a la literatura nacional y latinoamericana, así como también a los cantautores populares de la época. Escritores como Paulo Freire, Mario Vargas Llosa o clásicos como de Saint-Exupery fueron prohibidos para la distribución y utilización en instituciones educativas. Cantantes como Mercedes Sosa, Piero, Horacio Guaraní y León Gieco tuvieron que exiliarse en el exterior, por miedo a ser secuestrados por las fuerzas armadas.
            A principios de la década del ’80, el descontento social iba en aumento y el gobierno de facto decidió convocar a elecciones para 1983. Con el retorno de la democracia, el Estado de Derecho fue reinstaurado gradualmente, al mismo tiempo que los crímenes y violaciones militares eran juzgados.
            La Argentina progresó en materia de derechos humanos y libertad de expresión, dándole jerarquía constitucional a los tratados internacionales. Así mismo, agregó a la Constitución Nacional (en la Reforma del ’94) artículos tales como el 42, de información adecuada y veraz; y el 43, que habla sobre el secreto profesional de un periodista o investigador.
            Hoy en día, bien entrados en el siglo XXI, podemos hablar de que el Gobierno actual libra una batalla contra los grandes monopolios de la información. La nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual brinda el marco propicio para que ambos lados argumenten a su favor. Pero lo verdaderamente importante se da por descontado, por sobreentendido: es el hecho de que el debate se pueda llevar a cabo.

Listado de canciones prohibidas durante la dictadura: http://bit.ly/11PfZ35