Luciana Sánchez tiene veintidós años,
la voz ronca y un departamento de dos ambientes con vista a un paisaje lleno de
edificios grises, además de un trabajo que detesta. Es una eterna estudiante de
Psicología. De lunes a sábados suena su despertador, la tentación de
postergarlo diez minutos más se hace presente pero su sentido de la
responsabilidad sale vencedor. No desayuna porque no hay tiempo, apenas una
ducha tibia como parte de su rutina. Pasa nueve horas dentro de una oficina blanca
e insulsa, llena de clientes fastidiosos, de teléfonos que suenan, vuelven a
sonar y nadie parece escuchar.
Siempre vestida con un jean, buzo
cangurito y zapatillas simples. Va y vuelve caminando al trabajo, porque hace
poco le robaron la bicicleta. Su celular está lleno de música de Salta la
Banca, su banda preferida, y además de grupos locales de rock. ‘Hay que bancar
lo propio’, dice Luciana.
Tiene la voz ronca desde hace un par
de años, cuando fue operada por un problema en las cuerdas vocales. En la sala
de internación, cuando llegó a pensar que no volver a hablar podía ser una
posibilidad, conoció a Lunita Hidroxiapatita y a Nikasio Potasio, un par de payamédicos
responsables de la primer sonrisa de Luciana en el hospital.
***
Payamédicos: la risa en el ambiente hospitalario
Payamédicos es una organización no
gubernamental sin fines de lucro, creada en la ciudad de Buenos Aires en el
año 2002 por el médico psiquiatra José Pellucchi, y la Licenciada en
Psicología Andrea Romero, quienes llevaban un tiempo empleando la técnica
de payaso para ayudar a sus pacientes internados.
Su misión es desdramatizar el
ambiente hospitalario, y contribuir así a la salud emocional del paciente
hospitalizado. Para esa finalidad se utilizan recursos psicológicos y
artísticos relacionados con el payaso teatral, juegos, música, teatro, magia y
el arte humorístico en general. Los Payamédicos realizan intervenciones
escénico-terapéuticas con un abordaje a través de la técnica del payaso teatral,
adaptándola al ámbito hospitalario con una ética y estética propia. El grupo se
encuentra asesorado por psiquiatras y psicólogos con amplia experiencia en
niños y adultos internados por diversas patologías orgánicas.
El juego es la principal herramienta
payamédica, ya que es el primer paso para la creación de un espacio y de un
código compartido entre el paya y el
paciente. El juego da lugar al aprendizaje y a la evolución, sobretodo en el
niño porque es parte de su desarrollo cognitivo. Es un lenguaje universal, ya
que sólo se requiere de los sentidos y de la voluntad de hacerlo. El juego es
flexible, permeable: se adapta a todas las edades, sociedades, estados. Cada
vez que se juega, se crea un producto único, que no se vuelve a repetir.
Jugar es ‘devenir otro’, y aquí está
el primer concepto clave que utilizan los payamédicos. El médico, escritor y payamédico Lucas Bruno explica en el
libro ‘Lo Paya: Pasiones payasas entre lo
teatral, la payamedicina y la cotidianeidad’ que devenir implica lo que está dado en escena y aquello que surja
entre lo que está dado. Cualquiera de los objetos y los sujetos que intervengan
en una improvisación o en un número de payasos serán conocidos y sabrán ser
código cultural del público participante; no así, aquello códigos que surjan de
la paleta de pintor creativo del payaso. Devenir
significa abstraerse de todo conocimiento previo al entrar a la sala, intentar
poner la mente en blanco así las acciones son espontaneidad pura. En esa
‘poética del puro devenir’, el payaso puede devenir
objeto (balde, alfombra, tiza, pelotita de tenis, etcétera) y también puede
devenir sujeto (equilibrista, comprador,
enamorado, etcétera).
Sala inmensa del Hospital de Niños
Sor María Ludovica de La Plata. Tele al fondo, camas extra-large. Mateo está
sentado en su cama muy concentrado con su i-pod, inmerso en un juego de
carreras de autos. Los payamédicos entran y Mateo pispea entre niveles del
juego, entre niveles de altura. Pispea, y cuando es correspondido, vuelve al
juego. Luego de algunas miradas, la Dra. Morita Repliconita se acerca y saluda.
Mateo saluda, y sin sacar sus dedos de los controles del jueguito, mira a los payamédicos
Dra. Lunita Hidroxiapatita y Dr. Nikasio Potasio al otro lado de la sala.
Lunita y Nikasio se miran, y hacen ruido de motor.
Los pies se hacen ruedas, las espaldas
techos y a la vez asientos, los ojos se convierten en faroles. Los motores se
despiertan y hacen más ruido. Mateo detiene los dedos y mira atentamente. Cada
motor comienza a esbozar un canto de salida. Mateo se sonríe de costado y mira
a Morita para corroborar lo que está viendo: Morita asiente y le presta un paya-objeto devenido volante de autos.
Mateo lo agarra con ambas manos y observa a los payamédicos. Prueba hacia la
izquierda, derecha, arriba y abajo… Y funciona. Señal de largada: Lunita y Nikasio,
devenidos en auto rosa y auto verde, arrancan. Mateo, devenido en piloto,
conduce.
***
El rol del médico en la psicología de la
salud
La globalización trajo consigo
desarrollo científico y tecnológico en el campo de la medicina, así como también
en el de la comunicación. A nivel sociocultural, esto ha repercutido de forma
tal que la población ha aumentado su acceso a la información en temas
relacionados a la salud. Así, a medida que la gente se informa, opina e
incrementa su interés. Estos cambios afectaron en la relación médico-paciente,
donde el modelo antiguo de atención ‘paternalista’ -donde el médico elige y
decide qué procedimiento o acción terapéutica es más adecuada- ha ido en
detrimento hacia una nueva forma de concebir la salud, donde predomina la
autonomía del paciente, o de su familia, en sus decisiones y elecciones.
Esta situación plantea el choque
entre los principios bioéticos de la medicina. Por un lado, el principio de
autonomía del paciente, que establece que las preferencias y los valores del
enfermo son primordiales desde el punto de vista ético, y el principio de
justicia, cuyo fin es disminuir las desigualdades. Éstos entran en conflicto
con los principios de no maleficencia, que es la abstención intencionada de
realizan acciones que causen daño o perjuicio a otros, y el principio de
beneficencia, que reza que los médicos están en la obligación de actuar en
beneficio de otros.
Los médicos, que en una situación
crítica se hallan fuertemente requeridos para atender los signos vitales del
paciente, deben ocuparse además de los factores emocionales que están
presentes, tanto en los pacientes como en sus familiares. Éstos son los que en
gran número de ocasiones deben decidir sobre el presente y el futuro de su
familiar internado, dado que en un muy alto porcentaje de casos los pacientes
no están en condiciones y capacidad de poner en práctica directamente
sus derechos y opiniones.
Por la índole de la tarea, el médico
establece una relación con los pacientes y con los familiares connotada por
diversos aspectos psicológicos tales como ansiedades, identificaciones, etc. El
médico es visto como omnipotente, y de la misma forma que es agradecido, es
demandado, porque las expectativas de un tratamiento y los posibles resultados
recaen en su figura. La sobrecarga emocional y el peso que conlleva la labor es
difícil de cuestionar.
***
Las zapatillas verde manzana cortan
lo grisáceo de las grandes baldosas del pasillo. La luz del sol entra por las
ventanas, rebota en las calzas amarillas fosforescentes de Morita Repliconita y
encandila a todo aquel que la ve. El vestuario de un payamédico es artesanal:
puede cocerlo uno mismo o diseñarlo y mandarlo a hacer, pero no pueden faltar
los colores.
Todo combina: las calzas hacen juego
con el chaleco sin mangas amarillo, las zapatillas verde manzana con una camisa
al tono y lunares blancos, una larga pollera rosa chicle se entremezcla con el
rosado de la peluca de lana y llena de trenzas. Como accesorio, porta un
burbujero en su cuello. ‘Es la forma más fácil de entrar a una sala’, dice. En
la mano derecha, Morita lleva un buenetín.
El buenetín
es donde los payas llevan lo que
creen necesario para interactuar con el paciente. Dentro pueden tener desde un
ladrillito de plástico con un lápiz, hasta muñecos de goma. El buenetín de Morita es de mimbre, y tiene
tres rayas de colores rosa, amarillo y verde manzana en su costado izquierdo.
Ella deviene fotógrafa cuando saca la cámara de juguete, deviene dibujante al
pintar con sus fibras en un anotador, deviene veterinaria si le da cuerda a los
pequeños animalitos de plástico.
Una burbuja vuela por el aire e
ingresa a una sala. Una nena, sorprendida, le avisa a la madre. La madre, al
haber visto a los payas previamente,
se desentiende y dice que ‘no vio nada’. En un instante, entra Morita
Repliconita con su compañera Lunita Hidroxiapatita preguntando si habían visto
por allí a su burbuja perdida. La nena grita que sí. Están el tiempo de la intervención payamédica.
Metodología de trabajo
El trabajo de los payamédicos en un
hospital se divide en cuatro etapas o tiempos: pase, intervención, balance y cartografía. Para entender cómo logran desdramatizar el ambiente
hospitalario, es necesario comprender para qué y cómo funciona cada uno de
estos tiempos.
Pase:
es lo primero que hacen al llegar al hospital para obtener la información del
paciente. Van un par de payamédicos a buscar la información de todos los
pacientes, para después realizar una reunión con el grupo entero de trabajo y
decidir qué dupla trabajará con tal o cual paciente. El pase se los da quien
esté a cargo de la sala en ese momento, generalmente son las enfermeras. Los
datos que van a tomar son: nombre, edad, diagnóstico médico, evolución de la
enfermedad y pronóstico, estado anímico, quién lo acompaña durante su
internación, de donde viene, qué le gusta hacer, cómo es la relación con otros
pacientes, con los enfermeros y con la gente que lo rodea.
Intervención:
comienza luego del pase. El objetivo
principal del payamédico es el paciente hospitalizado para el cual previamente
elaboró, en forma grupal, una estrategia. No obstante, las intervenciones incluyen a acompañantes, familiares, equipo de
salud, administrativos y todos los existentes que se le cruzan en el camino. La
intervención comienza en el momento
que el paya deja de lado su ‘yo’ y se encuadra dentro de su payaso, con su
correspondiente vestuario. Esta etapa dura lo que cada dupla considere
necesario, y la idea es no concluir el juego en un encuentro, sino que se vaya
desarrollando en los encuentros posteriores con el paciente.
Balance:
cada dupla reconstruye la intervención, analizando la experiencia, los momentos
de producción y los de captura. Se toma nota de los datos clínicos obtenidos en
el pase, y se escribe un resumen de la intervención
llevada a cabo entre los payamédicos y el paciente en su devenir paya. Este
tiempo se realiza sin nariz, y sirve para brindar y tomar ideas de los demás
payamédicos y utilizarlas en sus intervenciones.
Cartografía:
es una charla con un profesional de la salud, y se charlan las problemáticas
del grupo. Realizan una revisión al trabajo del grupo, para ayudar en el futuro
teniendo en cuenta las salas y pacientes que cada paya tiene. Se realizan cada
tres semanas. Durante ese lapso, los cartógrafos reciben los balances de los payas, para que el día
de la cartografía puedan concurrir con actividades planeadas sobre los puntos a
mejorar en el trabajo.
***
La salud emocional de los internados
Los derechos y garantías de los pacientes de la órbita de la psicología
de la salud están contemplados en las disposiciones generales de la Ley
Nacional de Salud Mental y su reglamentación. Sin embargo, no hay a nivel
nacional ni provincial un programa que contemple a la psicología de la salud y
la trate con la importancia que tiene.
Susana
Bayardo, licenciada en Psicología e integrante del Equipo de Psiquiatría del
Hospital Italiano de Buenos Aires, opinó que la inserción de un psicólogo en
los equipos de las unidades de cuidados intensivos de los hospitales es una
tarea necesaria, pero difícil de llevar adelante por las dificultades que trae
aparejada.
Para
el paciente, son muchos los factores que pueden afectarlo en cuanto a su
situación emocional. Por un lado, están las consecuencias propias de la
internación: movilidad reducida, no tienen vestimenta, monitores, sondas,
respirador artificial y el movimiento de los profesionales que connotan riesgo
para su vida. Por otra parte, el internado observa constantemente a los otros
pacientes cuya presencia o ausencia en el hospital depende de la vida o la
muerte.
‘Debido
a estos factores y sumado a los propios efectos orgánicos, metabólicos y
clínicos de la enfermedad es probable que se produzcan cuadros de confusión,
excitación psicomotriz, alucinaciones, delirios, entre otros’, informó la
profesional.
La
situación de tener un allegado internado con el contacto restringido genera en
las familias un importante caudal de tensión, angustia e incertidumbre, que se
suma a la situación emocional propia de la enfermedad y del riesgo vital que
supone. No todas las familias funcionan igual, lo cual complica aún más el
panorama: hay familias que no dan problemas, otras en las que las
dificultades se generan por la crisis que implica un miembro familiar enfermo,
y las que habitualmente tienen un funcionamiento conflictivo independientemente
del tipo de situación
‘En
cuanto a las entrevistas con las familias es importante prestar especial
atención a su tipo de funcionamiento, al grado de impacto que ocasionó la
internación, al tipo de respuesta emocional en relación al equipo asistencial,
la capacidad de comprensión, el tipo de procesamiento de la información, la
capacidad de colaboración y contención, las escalas de valores y las opiniones
y las diferencias individuales de sus integrantes’, dijo la licenciada Bayardo.
En
el último tiempo, la modalidad de interconsulta aislada
psicológica-psiquiátrica entre el médico y un especialista ha ido
estableciéndose con frecuencia, al punto de haberse convertido en parte de la
rutina de los planes de trabajo. La interconsulta psicológica se volvió
estable, debido a la necesidad de una evaluación o de una acción preventiva
frente a las especificidades y complejidades de ciertas situaciones o
procedimientos médicos. Este proceso da cuenta de la importancia que ha tomado
la psicología de la salud para los profesionales.
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La sala de juegos de la ‘Casa
Ludovica’ del Hospital de Niños platense es amplia y luminosa. En una de sus
pequeñas mesas redondas siempre está Juan. Le gusta dibujar y los paisajes son
su especialidad. Casitas con chimenea, un verde jardín, un árbol enorme y un
sol que nunca pierde la sonrisa. Morita agarra una sillita y se sienta a su
lado, pero no le da ni la hora. La escena se repite por décima vez, según
cálculos de la payamédica, y Juan sigue sin hablarle.
Morita Repliconita toma una
cartulina, saca sus fibras del ‘buenetín’ y comienza a dibujar. Juan parece
hacer caso omiso, pero le interesa lo que está haciendo su ahora compañera de
mesa. Ella sigue trazando líneas, círculos, rectángulos; al parecer sin
sentido, pero con una idea fija. Él presta más atención.
Termina el dibujo, y Morita se lo
expone a Juan. Él devuelve una enorme sonrisa: es un simple pero hermoso
paisaje, con una pradera verde que se extiende más allá de un arroyo de aguas
celestes color cielo. Y un sol feliz, como la payamédica al oír de Juan su
primera palabra: ¡Gracias!
Juan va a seguir dibujando durante
el tiempo que se aloje con su madre en la ‘Casa Ludovica’. Quizá la obra de
arte que le hizo su compañera de juegos lo inspire para sus próximos paisajes,
o tal vez deje los dibujos para jugar con el tobogán, la casa de plástico o los
otros juguetes del lugar.
Morita Repliconita va a continuar
siendo Luciana Sánchez, pero con más colores encima.
Autor: Christian Nahuel Sosa



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