jueves, 17 de julio de 2014

Payamédicos y la importancia de la psicología de la salud

            Luciana Sánchez tiene veintidós años, la voz ronca y un departamento de dos ambientes con vista a un paisaje lleno de edificios grises, además de un trabajo que detesta. Es una eterna estudiante de Psicología. De lunes a sábados suena su despertador, la tentación de postergarlo diez minutos más se hace presente pero su sentido de la responsabilidad sale vencedor. No desayuna porque no hay tiempo, apenas una ducha tibia como parte de su rutina. Pasa nueve horas dentro de una oficina blanca e insulsa, llena de clientes fastidiosos, de teléfonos que suenan, vuelven a sonar y nadie parece escuchar.
            Siempre vestida con un jean, buzo cangurito y zapatillas simples. Va y vuelve caminando al trabajo, porque hace poco le robaron la bicicleta. Su celular está lleno de música de Salta la Banca, su banda preferida, y además de grupos locales de rock. ‘Hay que bancar lo propio’, dice Luciana.
            Tiene la voz ronca desde hace un par de años, cuando fue operada por un problema en las cuerdas vocales. En la sala de internación, cuando llegó a pensar que no volver a hablar podía ser una posibilidad, conoció a Lunita Hidroxiapatita y a Nikasio Potasio, un par de payamédicos responsables de la primer sonrisa de Luciana en el hospital.

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Payamédicos: la risa en el ambiente hospitalario


            Payamédicos es una organización no gubernamental sin fines de lucro, creada en la ciudad de Buenos Aires en el año 2002 por el médico psiquiatra José Pellucchi, y la Licenciada en Psicología Andrea Romero, quienes llevaban un tiempo empleando la técnica de payaso para ayudar a sus pacientes internados.       
            Su misión es desdramatizar el ambiente hospitalario, y contribuir así a la salud emocional del paciente hospitalizado. Para esa finalidad se utilizan recursos psicológicos y artísticos relacionados con el payaso teatral, juegos, música, teatro, magia y el arte humorístico en general. Los Payamédicos realizan intervenciones escénico-terapéuticas con un abordaje a través de la técnica del payaso teatral, adaptándola al ámbito hospitalario con una ética y estética propia. El grupo se encuentra asesorado por psiquiatras y psicólogos con amplia experiencia en niños y adultos internados por diversas patologías orgánicas.
            El juego es la principal herramienta payamédica, ya que es el primer paso para la creación de un espacio y de un código compartido entre el paya y el paciente. El juego da lugar al aprendizaje y a la evolución, sobretodo en el niño porque es parte de su desarrollo cognitivo. Es un lenguaje universal, ya que sólo se requiere de los sentidos y de la voluntad de hacerlo. El juego es flexible, permeable: se adapta a todas las edades, sociedades, estados. Cada vez que se juega, se crea un producto único, que no se vuelve a repetir.
            Jugar es ‘devenir otro’, y aquí está el primer concepto clave que utilizan los payamédicos. El médico, escritor y payamédico Lucas Bruno explica en el libro ‘Lo Paya: Pasiones payasas entre lo teatral, la payamedicina y la cotidianeidad’ que devenir implica lo que está dado en escena y aquello que surja entre lo que está dado. Cualquiera de los objetos y los sujetos que intervengan en una improvisación o en un número de payasos serán conocidos y sabrán ser código cultural del público participante; no así, aquello códigos que surjan de la paleta de pintor creativo del payaso. Devenir significa abstraerse de todo conocimiento previo al entrar a la sala, intentar poner la mente en blanco así las acciones son espontaneidad pura. En esa ‘poética del puro devenir’, el payaso puede devenir objeto (balde, alfombra, tiza, pelotita de tenis, etcétera) y también puede devenir sujeto (equilibrista, comprador, enamorado, etcétera).

           
            Sala inmensa del Hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata. Tele al fondo, camas extra-large. Mateo está sentado en su cama muy concentrado con su i-pod, inmerso en un juego de carreras de autos. Los payamédicos entran y Mateo pispea entre niveles del juego, entre niveles de altura. Pispea, y cuando es correspondido, vuelve al juego. Luego de algunas miradas, la Dra. Morita Repliconita se acerca y saluda. Mateo saluda, y sin sacar sus dedos de los controles del jueguito, mira a los payamédicos Dra. Lunita Hidroxiapatita y Dr. Nikasio Potasio al otro lado de la sala. Lunita y Nikasio se miran, y hacen ruido de motor.
            Los pies se hacen ruedas, las espaldas techos y a la vez asientos, los ojos se convierten en faroles. Los motores se despiertan y hacen más ruido. Mateo detiene los dedos y mira atentamente. Cada motor comienza a esbozar un canto de salida. Mateo se sonríe de costado y mira a Morita para corroborar lo que está viendo: Morita asiente y le presta un paya-objeto devenido volante de autos. Mateo lo agarra con ambas manos y observa a los payamédicos. Prueba hacia la izquierda, derecha, arriba y abajo… Y funciona. Señal de largada: Lunita y Nikasio, devenidos en auto rosa y auto verde, arrancan. Mateo, devenido en piloto, conduce.


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El rol del médico en la psicología de la salud


            La globalización trajo consigo desarrollo científico y tecnológico en el campo de la medicina, así como también en el de la comunicación. A nivel sociocultural, esto ha repercutido de forma tal que la población ha aumentado su acceso a la información en temas relacionados a la salud. Así, a medida que la gente se informa, opina e incrementa su interés. Estos cambios afectaron en la relación médico-paciente, donde el modelo antiguo de atención ‘paternalista’ -donde el médico elige y decide qué procedimiento o acción terapéutica es más adecuada- ha ido en detrimento hacia una nueva forma de concebir la salud, donde predomina la autonomía del paciente, o de su familia, en sus decisiones y elecciones.
            Esta situación plantea el choque entre los principios bioéticos de la medicina. Por un lado, el principio de autonomía del paciente, que establece que las preferencias y los valores del enfermo son primordiales desde el punto de vista ético, y el principio de justicia, cuyo fin es disminuir las desigualdades. Éstos entran en conflicto con los principios de no maleficencia, que es la abstención intencionada de realizan acciones que causen daño o perjuicio a otros, y el principio de beneficencia, que reza que los médicos están en la obligación de actuar en beneficio de otros.                        
            Los médicos, que en una situación crítica se hallan fuertemente requeridos para atender los signos vitales del paciente, deben ocuparse además de los factores emocionales que están presentes, tanto en los pacientes como en sus familiares. Éstos son los que en gran número de ocasiones deben decidir sobre el presente y el futuro de su familiar internado, dado que en un muy alto porcentaje de casos los pacientes no están en condiciones y capacidad de poner en práctica directamente sus derechos y opiniones.
            Por la índole de la tarea, el médico establece una relación con los pacientes y con los familiares connotada por diversos aspectos psicológicos tales como ansiedades, identificaciones, etc. El médico es visto como omnipotente, y de la misma forma que es agradecido, es demandado, porque las expectativas de un tratamiento y los posibles resultados recaen en su figura. La sobrecarga emocional y el peso que conlleva la labor es difícil de cuestionar.

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            Las zapatillas verde manzana cortan lo grisáceo de las grandes baldosas del pasillo. La luz del sol entra por las ventanas, rebota en las calzas amarillas fosforescentes de Morita Repliconita y encandila a todo aquel que la ve. El vestuario de un payamédico es artesanal: puede cocerlo uno mismo o diseñarlo y mandarlo a hacer, pero no pueden faltar los colores.
            Todo combina: las calzas hacen juego con el chaleco sin mangas amarillo, las zapatillas verde manzana con una camisa al tono y lunares blancos, una larga pollera rosa chicle se entremezcla con el rosado de la peluca de lana y llena de trenzas. Como accesorio, porta un burbujero en su cuello. ‘Es la forma más fácil de entrar a una sala’, dice. En la mano derecha, Morita lleva un buenetín.
             El buenetín es donde los payas llevan lo que creen necesario para interactuar con el paciente. Dentro pueden tener desde un ladrillito de plástico con un lápiz, hasta muñecos de goma. El buenetín de Morita es de mimbre, y tiene tres rayas de colores rosa, amarillo y verde manzana en su costado izquierdo. Ella deviene fotógrafa cuando saca la cámara de juguete, deviene dibujante al pintar con sus fibras en un anotador, deviene veterinaria si le da cuerda a los pequeños animalitos de plástico.
            Una burbuja vuela por el aire e ingresa a una sala. Una nena, sorprendida, le avisa a la madre. La madre, al haber visto a los payas previamente, se desentiende y dice que ‘no vio nada’. En un instante, entra Morita Repliconita con su compañera Lunita Hidroxiapatita preguntando si habían visto por allí a su burbuja perdida. La nena grita que sí. Están el tiempo de la intervención payamédica.





Metodología de trabajo


            El trabajo de los payamédicos en un hospital se divide en cuatro etapas o tiempos: pase, intervención, balance y cartografía. Para entender cómo logran desdramatizar el ambiente hospitalario, es necesario comprender para qué y cómo funciona cada uno de estos tiempos.
            Pase: es lo primero que hacen al llegar al hospital para obtener la información del paciente. Van un par de payamédicos a buscar la información de todos los pacientes, para después realizar una reunión con el grupo entero de trabajo y decidir qué dupla trabajará con tal o cual paciente. El pase se los da quien esté a cargo de la sala en ese momento, generalmente son las enfermeras. Los datos que van a tomar son: nombre, edad, diagnóstico médico, evolución de la enfermedad y pronóstico, estado anímico, quién lo acompaña durante su internación, de donde viene, qué le gusta hacer, cómo es la relación con otros pacientes, con los enfermeros y con la gente que lo rodea.
            Intervención: comienza luego del pase. El objetivo principal del payamédico es el paciente hospitalizado para el cual previamente elaboró, en forma grupal, una estrategia. No obstante, las intervenciones incluyen a acompañantes, familiares, equipo de salud, administrativos y todos los existentes que se le cruzan en el camino. La intervención comienza en el momento que el paya deja de lado su ‘yo’ y se encuadra dentro de su payaso, con su correspondiente vestuario. Esta etapa dura lo que cada dupla considere necesario, y la idea es no concluir el juego en un encuentro, sino que se vaya desarrollando en los encuentros posteriores con el paciente.
            Balance: cada dupla reconstruye la intervención, analizando la experiencia, los momentos de producción y los de captura. Se toma nota de los datos clínicos obtenidos en el pase, y se escribe un resumen de la intervención llevada a cabo entre los payamédicos y el paciente en su devenir paya. Este tiempo se realiza sin nariz, y sirve para brindar y tomar ideas de los demás payamédicos y utilizarlas en sus intervenciones.
            Cartografía: es una charla con un profesional de la salud, y se charlan las problemáticas del grupo. Realizan una revisión al trabajo del grupo, para ayudar en el futuro teniendo en cuenta las salas y pacientes que cada paya tiene. Se realizan cada tres semanas. Durante ese lapso, los cartógrafos reciben los balances de los payas, para que el día de la cartografía puedan concurrir con actividades planeadas sobre los puntos a mejorar en el trabajo.

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La salud emocional de los internados


            Los derechos y garantías de los pacientes de la órbita de la psicología de la salud están contemplados en las disposiciones generales de la Ley Nacional de Salud Mental y su reglamentación. Sin embargo, no hay a nivel nacional ni provincial un programa que contemple a la psicología de la salud y la trate con la importancia que tiene.
            Susana Bayardo, licenciada en Psicología e integrante del Equipo de Psiquiatría del Hospital Italiano de Buenos Aires, opinó que la inserción de un psicólogo en los equipos de las unidades de cuidados intensivos de los hospitales es una tarea necesaria, pero difícil de llevar adelante por las dificultades que trae aparejada.
            Para el paciente, son muchos los factores que pueden afectarlo en cuanto a su situación emocional. Por un lado, están las consecuencias propias de la internación: movilidad reducida, no tienen vestimenta, monitores, sondas, respirador artificial y el movimiento de los profesionales que connotan riesgo para su vida. Por otra parte, el internado observa constantemente a los otros pacientes cuya presencia o ausencia en el hospital depende de la vida o la muerte.
            ‘Debido a estos factores y sumado a los propios efectos orgánicos, metabólicos y clínicos de la enfermedad es probable que se produzcan cuadros de confusión, excitación psicomotriz, alucinaciones, delirios, entre otros’, informó la profesional.
            La situación de tener un allegado internado con el contacto restringido genera en las familias un importante caudal de tensión, angustia e incertidumbre, que se suma a la situación emocional propia de la enfermedad y del riesgo vital que supone. No todas las familias funcionan igual, lo cual complica aún más el panorama: hay familias que no dan problemas, otras en las que las dificultades se generan por la crisis que implica un miembro familiar enfermo, y las que habitualmente tienen un funcionamiento conflictivo independientemente del tipo de situación
            ‘En cuanto a las entrevistas con las familias es importante prestar especial atención a su tipo de funcionamiento, al grado de impacto que ocasionó la internación, al tipo de respuesta emocional en relación al equipo asistencial, la capacidad de comprensión, el tipo de procesamiento de la información, la capacidad de colaboración y contención, las escalas de valores y las opiniones y las diferencias individuales de sus integrantes’, dijo la licenciada Bayardo.
            En el último tiempo, la modalidad de interconsulta aislada psicológica-psiquiátrica entre el médico y un especialista ha ido estableciéndose con frecuencia, al punto de haberse convertido en parte de la rutina de los planes de trabajo. La interconsulta psicológica se volvió estable, debido a la necesidad de una evaluación o de una acción preventiva frente a las especificidades y complejidades de ciertas situaciones o procedimientos médicos. Este proceso da cuenta de la importancia que ha tomado la psicología de la salud para los profesionales.

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            La sala de juegos de la ‘Casa Ludovica’ del Hospital de Niños platense es amplia y luminosa. En una de sus pequeñas mesas redondas siempre está Juan. Le gusta dibujar y los paisajes son su especialidad. Casitas con chimenea, un verde jardín, un árbol enorme y un sol que nunca pierde la sonrisa. Morita agarra una sillita y se sienta a su lado, pero no le da ni la hora. La escena se repite por décima vez, según cálculos de la payamédica, y Juan sigue sin hablarle.
            Morita Repliconita toma una cartulina, saca sus fibras del ‘buenetín’ y comienza a dibujar. Juan parece hacer caso omiso, pero le interesa lo que está haciendo su ahora compañera de mesa. Ella sigue trazando líneas, círculos, rectángulos; al parecer sin sentido, pero con una idea fija. Él presta más atención.
            Termina el dibujo, y Morita se lo expone a Juan. Él devuelve una enorme sonrisa: es un simple pero hermoso paisaje, con una pradera verde que se extiende más allá de un arroyo de aguas celestes color cielo. Y un sol feliz, como la payamédica al oír de Juan su primera palabra: ¡Gracias!
            Juan va a seguir dibujando durante el tiempo que se aloje con su madre en la ‘Casa Ludovica’. Quizá la obra de arte que le hizo su compañera de juegos lo inspire para sus próximos paisajes, o tal vez deje los dibujos para jugar con el tobogán, la casa de plástico o los otros juguetes del lugar.
            Morita Repliconita va a continuar siendo Luciana Sánchez, pero con más colores encima.

Autor: Christian Nahuel Sosa

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